"La Venganza de Jacob." by Leonard

1. Presentación de Jacob, e inicio de su plan perverso.

<<El barco se meneaba despacio. El vigía dormía sereno como un bebe. El timón estaba en manos de Jacob. Era un truhan, un hombre sin escrupulos que pretendía enriquecerse mediante la piratería. Su odio a Jezzabel era escondido en lo profundo de su alma. Nunca expresaba sus sentimientos, ante la capitana. Aunque ella sospechara la verdad, en los ojos de su subordinado, no podía conocer todo el mal que le deseaba aquel antiguo noble.


Jacob nació en un hogar humilde, pero con dinero suficiente para mantener una mansión digna y una servidumbre correspondiente. Estaban en lo mínimo de lo que la aristrocracia llamaba "gente de bien" Acudían a fiestas, eran partidiarios de las costumbres de otros mucho más ricos que ellos, que en ocasiones se lo recordaban indirectamente. En otra ocasión, hablaré de que hizo Jacob para caer en desgracia; lo importante es que entendáis que cayó. Tuvo que huir de esa mansión familiar, y de los privilegios de una vida tranquila, y amena. Perseguido por las autoridades inglesas, fue a refugiarse de polizonte en un barco. Para buena o mala Fortuna de Jacob, el barco fue atacado y abordado por Jezzabel. Cuando todos los viajeros fueron vencidos en desigual combate, rematados, asesinados, o ejecutados... alguien descubrió a Jacob. Lo semidesnudaron, y se burlaron de él. Le tiraban del cabello, le golpeaban en la espalda con fustas, arrebatadas a los caballeros asesinados, y se reían de la cobardía de Jacob. Pero en su interior una furía estaba a punto de desatarse. Jezzabel descubrió a Jacob herido, y lleno de ira. Al principio ordenó que lo sacrificaran al mar, tirándolo por la borda, haciéndole saltar por la tabla, para caer sobre la boca de algún tiburón hambriento, que rondaba por ahí. Iba creciendo el número de escualos, por las zonas de ataques de Jezzabel, pues gustaba de dar escarmiento a aquellos hombres que consideraba demasiado privilegiados de morir bajo su sable. Jezzabel ordenó la muerte de Jacob, pero algo le hizo cambiar de opinión: alguien, un hombre delgado y joven, con una brecha en la cabeza, pero una herida leve en realidad, fingía que su fin había llegado. Sin embargo, era un mentiroso traicionero: sacó de su levita una pistola pequeña, pero que apuntando al cuello, y a esa corta distancia, la bala podría reventar la yugular de la orgullosa pirata. El delgado joven asesino, levantó el percutor con el pedarnal listo, apuntó con mucho cuidado, dispuesto a vengar a sus hermanos de la tiranía de mar de ese demonio, cuando Jacob corrió hacia un pirata, arrebató el mosquete, y apuntó hacia Jezzabel. Ella, sorprendida, tomó una daga, y se dispuso a lanzarla, cuando Jacob disparó. Jezzabel miró atrás, extrañada adonde disparaba Jacob. Pues a tan pocos pies de distancia, y con esa manera de agarrar el mosquete, el despreciado antiguo noble no pudo haber fallado.

Jezzabel miró atrás y vio al joven delgado herido en el hombro. Se comprobaba la mano, después de tocarse la herida, y al ver su sangre, pintada en la palma, dio un grito desgarrador, mezcla de miedo e impotencia. Uno de los piratas de Jezzabel, se acercó al frustado asesino. Éste miró a su inminente verdugo. Lo primero que vio fue el semblante arrugado de un lobo de mar, cicatrices varias en la cara, un parche, barba canosa de varios días, la visible carencia de dientes en su sonrisa malévola. Luego, seguidamente, el filo de un sable. No gritando evitó que el pirata sanguinario dividiera su cabeza en dos, como una calabaza, bajo la espada mellada, de tan siniestro pero leal asesino de la capitana.


Jezzabel agradeció la "buena voluntad", por decirlo de alguna forma, de su hombre... y aceptó a jacob, como uno de los suyos, por lo que había hecho.


Esa misma noche, Jacob actuó su papel de fiel pirata, a su capitana, pero no era así. Al principio esperó huir en cualquiera oportunidad segura de escape, pero no se presentó nunca. Y más adelante, pensó enriquecerse, y luego retirarse, o que le fuera más fácil la huída, pero tampoco era algo que tuviera al alcance de su mano.
Paso el tïempo, y llegó Anne Marie. Jacob la vio, y le pareció hermosa. No yació con ella el día de la llegada, cuando la ofreció Jezzabel. Estaba de vigía, pero vio toda la escena y se masturbo muy ardiente. Conocí a muchos piratas que la deseaban, entre ellos Marcos, un español muy apasionado, que amaba casi en secreto a la muchacha. Jezzabel azotó a muchos que intentaron tocar a su preciado tesoro, y amenazaba con matar, a aquel que quisiera satisfacer sus necesidades con la francesita. Jacob quería desahacerse de la pirata, pues siempre espío como la capitana violaba, o yacía con Anne Marie, y la quería para sí mismo. Y estaba dispuesto de valerse de otros, como Marcos, para llevar a cabo sus planes, de libertad, y tomar a Anne Marie.


Un día, Jezzabel atacó un barco portugues. En él llevaba poco oro, y casi nada de valor. La carga eran, la mayoría esclavos. La mayoría de ellos habían muerto de desnutrición, o ahogados, ya que una bala entró en la bodega, inundándola. Sólo quedó con vida una mestiza, una criolla de las colonias, äcostumbrada a los servicios nocturnos del capitán y la oficinalidad.
Jezzabel se acercó a la joven criolla, de piel morena, que llevaba una bata medio abierta, y medias blancas hasta más allá de las rodillas, en sus muslos calientes. Su labios gruesos, turgentes, ojos oscuros, una mirada de niña perdida, pero a la vez de mujer acostumbrada a satisfacer a hombres muy exigentes. No a mujeres. Jezzabel sentía alguna excitación por ella, pero creyó que sus hombres merecían una satisfacción.


-Por qué no se ahogó esta?-preguntó Jezzabel interesada, mientras la cogía de la barbilla. -Qué hizo que se salvara? La grata suerte, quizás?
-No, mi señora... -contestó un pirata que sonreía lujurioso, y escupía mientras lo hacía -Fue la´inoportunidad: le estaba haciendo a su señor caricias sexuales con la boca, y si ella tiene la bondad de abrirla, y os acercáis más podreís oler lo que derramó el capitán portugues, aparte de su sangre.
-No me interesa. -contesó Jezzabel hastiada. Soltó la barbilla. Y se dirigió a la criolla. -Dime, muchacha, cómo te llamas?
-Luana, "senhora". -contestó tímida y resignada a una muerte clara.
-Estás acostumbrada a yacer con hombres.
-Sí, "senhora".
-Con varios a la vez?
-Sí.
-Dime, Luana... quiéres vivir? -preguntó Jezzabel levantando su barbilla, poniendo sus brazos en jarras. -Estás harta de este mundo, o ahora sientes que no quieres abandonarlo.
-Quiero vivir, "senhora".
-Harías cualquier cosa por seguir en pie? cederías como has cedido en esclavitud, ahora en este navío, para que no te tiré a la borda? Tienes la piel muy suave, no quiero perder una diversión como tú para mis hombres. Los tiburones no deberían tener tanta suerte, prefiero que la tengan los mios. Me entiendes, Luana?
-Creo que os comprendo, "Senhora". -ella misma lebantó la barbilla dignamente, destapó sus pechos, abriendo la bata y dejándola caer al suelo, pasando por sus brazos morenos. Desnuda, con sus pechos firmes como peras, y pezones negros, vello púbico negro abundante... Luana se puso de rodillas, entregada a las perversiones de aquellos hombres. -Quiero vivir señora: quién es el primero.


EL primero fue el lobo de mar, que ejecutó al delgaducho aquel que quería matar Jezzabel. Sacó su pene, el cual creció, y fue endurecido por la habilidad de Luana, con sus manos y labios, y lengua. Y al poco, el viejo gruñó fuerte, y descargo su simiente en la boca de la joven. La espuma blanca, pintó la barbilla de la morena, y ella mostró a todos la corrida en su lengua, y dentro de su boca, y tragó sin expresar ni el más minimo efecto de asco. Jezzabel sorprendida por la experiencia de esa esclava, con una sonrisa en los labios, gritó: "divertiros malditos"  


Todos los piratas gritaron de júbilo, felices, y sacaron sus miembros, o se desnudaron de cintura para abajo, para introducir sus falos, en los agujeros de aquella criolla que ante todo deseaba seguir respirando, y saborear más amaneceres, y la esencia de la vida. Pronto tuvo un pene en cada mano, tres dentro de ella. Por la boca, por la vagina, y por el ano. Ella, como si lo que hacía lo hubiera hecho toda la vida, fornicaba con aquellos fieros y eufóricos piratas, que le entregaban la recompensa de sus excitaciones, disparando contra la piel morena de la criolla. Pero sin balas ni polvora: chorros de esperma, que pintaban de color blanco, la piel de chocolate, que se estremecía al sentir caer o chocar aquellas eyaculaciones, pues estaban muy calientes, y fuertes de sabor.


jacob no participó, fue a ver a Jezzabel, que devoraba el sexo de Anne Marie, con voracidad. Jacob se sintió muy impactado al abrir la puerta del camarote, y ver a anne marie, con su cuerpo delgado, sus piernas suaves y abiertas, temblando, con la cabeza de Jezzabel enmedio, saboreando el interior de la francesita. La cual con ojos cerrados acariciaba la espalda desnuda de la capitana, y se tocaba un pequeño pecho con pezón erecto, sin preocuparse que Jezzabel frotaba tres dedos en vertical en su propia raja, masturbandose muy animosa. mientras se daba el gusto de comerse su manzana del pecado. Jacob deseaba poder sacarsela y masturbarse con aquello, pero si era descubierto, sería decapitado por Jezzabel, o peor. Además, fue con la cabeza fría, a comenzar su plan.


-Ejem, ejem... -tosió falsamente disimulado Jacob. Jezzabel se levantó enseguida se subió los pantalones, y se puso la camisa delante del pirata. No le preocupaba ser vista desnuda. Pero, con Anne Marie era distinto. La francesita continuaba con su postura abierta de piernas, sentada en una silla, con una mano en el pecho, y otra que había puesto en su sexo, inconscientemente para acabar lo empezado.
-Vístete zorra -ordenó Jezzabel dando un puntapie a una pata de la silla. La vibración despertó el estado excitadoi de Anne Marie, resignada pero molesta, se tapó con una sabana que tenía cerca, y se puso sobre la cama. Jezzabel se sentó en su silla de capitana y ofreció la silla donde estaban las posaderas de Anne Marie, a Jacob para que se sentara y que le explicara su intrusión. -Por tu cabeza espero que sea importante.
-Lo és. -Jacob se sentó en la silla después de arrastrarla ante la mesa de capitana, y limpiar con la manga de su camisa ancha, apolillada, los fluidos de la hermosa y deseada por su miembro Anne Marie. 
-Bien, pues date prisa. -dijo Jezzabel echando una hojeada a Anne Marie, que aún respiraba con dificultad erotica, con jadeos cargados de aliento candente.
-Bueno, ante todo, decidme, capitana... qué pensáis de mi?
-Sois inoportuno.
-Ya, entiendo. -Jacob sonrió y bajó la mirada. Había cortado el buen ambiente que crearon aquellas sexuales mujeres. El aire olía a sexo, y sudor. Tanto que embriagaba a Jacob, y su miembro era controlado, pero con dificultad. Pensando en su objetivo, ante todo. -Ha sido un error por mi parte... "molestaros", a las... dos. Pero, sabré compensar a mi capitana, con la revelación de un secreto. Algo que descubrí hace tiempo, en el ataque a otro barco. Una parte del puzzle, y hoy, en este portugues, he encontrado otra pieza. Unidas, las dos, tenemos algo extraordinario.
-De qué hablas? -preguntó extrañada Jezzabel, e inquieta. Parecía que iba a sacar su pistolón del cajón e iba a descerebrar a Jacob de un tiro.
-Hablo, capitana, del tesoro perdido de Quincey "Garra de Oso" El famoso pirata.
-Ah ya, conozco la leyenda. -contestó Jezzabel. -Para eso detienes mi placer, para venirme con cuentos para dormir. Ven luego, cuando nos hayamos corrido unas cuantas veces.
-Capitana, capitana... es cierta la leyenda. Mirad esto -Jacob sacó dos papeles, que unidos formaban una hoja de papel de color marron amarillento, y era el mapa con anotaciones y dibujos de la leyenda. Jezzabel lo examinó con prudencia, y quedó algo sorprendida. -Creedme señora, el tesoro existe. He aquí la prueba. El primer trozo lo hallé hace un año, y este hoy, durante la pelea. Estaba en la mesa del capitán, mientras la joven le daba... bueno, ya sabéis el resto.
-Luana... esa puta criolla. Cómo va la orgía? -preguntó interesada Jezzabel con la sonrisa torcida, y con ojos excitados. Su curiosidad era lasciva.
-Creo que... podrá con todos nosotras, y con cualquier colonia que le entreguéis. Pero señora, decidme sobre el mapa: no creéis que deberíamos intentarlo? 
-Para serte sincera, Jacob, ahora no puedo pensar en estas cosas. Lo siento, pero ven mañana por la mañana. La batalla ha sido dura, y me apetece... relajarme. -Jezzabel echó una mirada a Anne Marie que dormía placidamente, con el trasero descubierto, y de su abertura vaginal dilatada, desprendía un fino hilito blanco de fluido. -Sí quieres... puedes unirte... qué te parece?


Jacob, sin estar seguro si el ofrecimiento era en serio o no... sin jugarse el tipo por un momento de placer, o porque quería que todo saliera según el plan, no subestimó la inteligencia de Jezzabel.


-Capitana... todavía no he probado a la criolla, y antes de que esté exhausta querría...
Jezzabel dio un grito de alegría, y golpeó el brazo de Jacob.
-Anda ve, y dale pienso a vuestro pajaro, no sea que se muera en su jaula.
-Sí, capitana.
-En cuanto a lo del mapa... déjalo en mi mesa, y ya veremos. Mañana estaré menos ocupada... de acuerdo?
-Como deséis. -Jacob no recogió el mapa, salió de allí pero antes de cerrar la puerta, vio como Jezzabel se quitaba la camisa, y despertaba a Anne Marie con besos y caricias. Una mano estraba entre los muslos de la joven, y la boca de la capitana, saboreaba los pechos de la muchacha. Jacob cerró antes de ser descubierto.


Y no fue a reunirse con sus compañeros, que aún follaban y se corrían sobre la criolla, que tenía el color de su piel cambiado. Su cara y pechos, eran blancos, de la abundante leche derramada sobre ella. Jacob, fue arriba, donde hacía la vigía, y allí se jactó de haber sembrado la curiosidad en Jezzabel, y olisqueó la manga de su camisa. Olía muy bien, y le excitaba muchisimo. Olía a dulce hembra. "Anne Marie!!" pensó Jacob. Pegó la manga manchada por el fluido, recogido al limpiar la silla, en su nariz, y con la mano libre, se sacó su pene, y se lo acarició fuertemente, sin tener ninguna consideración con su apéndice grueso y venoso, hasta que estalló como una fuente en la pared de aquella "cesta" donde él estaba dentro. Mientras se corría se echó a llorar y se decía para sí: "Maldita Jezzabel, pienso acabar contigo. Puta, maldita... Anne Marie será para mi, y sólo para mi. Ya lo verás, sí, jeje, ya lo verás. Zorra del Demonio">>